Aunque las anécdotas de orgasmos vestidos son más protagonizadas por los hombres, sorprende encontrar a mujeres que se jactan de haber llegado al clímax hasta con los pantalones puestos. ¿Es posible? Los especialistas dicen que sí.
Karen Uribarri Guzmán.
“Yo tenía como 24 años cuando conocí a este moreno espectacular, de ojos claro y cuerpo tonificado. Estábamos en Viña, era verano y habíamos llegado hasta su departamento con mi amiga que pololeaba con el amigo suyo. Había piezas de sobra y terminamos besándonos en una de ellas con la puerta cerrada. El estaba demasiado excitado, tanto así que no esperó ni 7 minutos para sacarse la ropa y quedar con un minúsculo calzoncillo azul cual Superman. La verdad es que se veía increíble, y él lo sabía. Yo, en cambio, seguía muy bien vestida con mis pantalones y polera intactas. Seguimos besándonos y en menos que canta un gallo, se para nervioso, con el ‘sector’ mojado y se va al baño avergonzado. En vez de Superman, era ‘Súper-rápido’”, recuerda Natalia, quien como tantas, ha compartido momentos íntimos con hombres eyaculan sin siquiera haberse sacado la ropa o en medio de un simple beso un poco más apasionado. Pero, que esto pase en mujeres, parece increíble. Y es que durante tanto tiempo se ha hablado de la incapacidad de la mayorías de obtener orgasmos, de todas las etapas que deben pasar para lograrlo y del ambiente ideal que hay que propiciar; que es digno de comentar la capacidad de otras de dejarse llevar por el calor del momento al nivel de extasiarse con ropa puesta y en los lugares más incómodos. Estas son las historias de dos mujeres que bordean los 30 años y que dicen con orgullo: “Sí, tuve un orgasmo con ropa”.
“No pude controlarme”
“Estábamos en la escalera de su edificio. Habíamos ido a la azotea a observar las estrellas y a conversar sin la presencia de sus amigos de departamento. Llevábamos saliendo como dos meses y jamás habíamos tenido sexo. Sólo encuentros simples, en los que incluso él jamás me había puesto una mano en un lugar que ‘no debiera’. El punto es que bajamos por la escalera, jugando a que nos perseguíamos como niños, hasta que el me atajó y me afirmó en la pared. Elevó mis piernas y las puso sobre sus caderas y comenzamos a besarnos descontroladamente. Los movimientos de pelvis eran muy rítmicos y fuertes, aunque nosotros seguíamos muy vestidos. Por primera vez me tocó los pechos y más encima bajo el sweater. Estaba muy excitada y de pronto, tuve un orgasmo. Grité de emoción y luego me avergoncé por lo escandalosa que fui. El sonrió, pero creo que no se dio cuenta que realmente sí tuve uno y no fue show”, recuerda Josefa. Read the rest of this entry »