Es muy frecuente sentirnos atraídas por alguna persona y sentir mariposas en el estómago. Pero, ¿se dan cuenta ellos de nuestro estado?, ¿qué factores influyen en una atracción como esta? Descubre en estas líneas qué hacemos para denotar simpatía y así poder evitar ser descubiertas.
Aunque muchas quisieran seguir creyendo en el cuento de Cupido y su flecha de amor, lo cierto es que la atracción que sentimos por otra persona no es más que el placentero estado emocional que promueve el acercamiento de una persona a otra con el propósito de llevar a cabo un intercambio sexual. Pero, ¿qué sucede entonces cuando una persona atrae a otra? Según un sinnúmero de estudios que han tratado de revelar este tema, la elección de una pareja esta condicionada por una serie de factores sicobiológicos, es decir, por las feromonas, las características posturales, las características dinámicas, la simetría del rostro y los elementos socioculturales.
¿Qué papel juegan las hormonas?
Por años se ha hablado de las Feromonas e incluso la esencia de su poder atractivo ha sido utilizada para la fabricación de perfumes femeninos que ya son todo un éxito. Y es que estas hormonas son unas señales químicas que expelen los animales para recibir información social y sexual de los miembros de su misma especie. Una tenue brisa de esta sustancia química puede estimular a su pareja a aparearse inmediatamente. Ahora bien, en cuanto a las personas, se dice que también hacemos uso de este lenguaje hormonal, claro que sería de una manera mucho más sutil, ya que el mensaje competiría con los otros factores, como la conducta, las normas sociales y la moral, por ejemplo.
De igual forma, nuestra fisiología sigue siendo tan sensible como la de otros mamíferos, lo que se demuestra cuando muchas mujeres viven juntas, ya que al cabo del tiempo todas terminan teniendo sus ciclos menstruales en la misma fase.
En todo caso, hay que decir que las feromonas funcionan con mayor rigurosidad en las mujeres. Esto se demuestra en un estudio que realizó por el Centro de Sentidos Químicos Monell en Pensilvana, en el año 1986, cuando descubrieron que la “feromona humana femenina”, como la definieron, tiene como función hacer a la mujer fértil, lo que la con vierte en potencialmente más atractiva para el sexo opuesto.
Las posturas y el físico sí importan
Después de varios estudios sobre los elementos físicos que se consideran más atrayentes en hombres y mujeres, la psicología concluyó que estas son: *En las mujeres: Los puntos más encantadores de una mujer son aquellos que manifiestan salud y capaz de procrear, es decir, una piel sana y limpia, dientes cuidados, cabello brillante, pechos turgentes, cintura estrecha, caderas anchas y soltura. En cuanto al rostro, llama mucho la atención los contornos redondeados, ojos grandes, nariz y pera pequeña, además de los pómulos marcados y las cejas arqueadas. *En los hombres: En ellos es sexualmente atractiva la imagen de hombre sano y reproductivo, es decir, constitución armoniosa y firme, contornos corporales angulosos, con hombros relativamente más anchos que las caderas, vientre llano, glúteos firmes y piernas largas. En cuanto a sus rostros, son llamativos los pómulos marcados, las cejas gruesas y altas, la pera amplia, la nariz pequeña y los ojos grandes.
Claro que no hay que dejar de lado la postura. Esta, tanto en hombres como en mujeres, es muy atractiva si es muscularmente firme, la que se manifiesta por el abdomen hacia dentro, el pecho alzado, los hombros hacia atrás, el cuello recto y la mirada dirigida al frente.
Ahora bien, referente a los llamados elementos dinámicos, hombres y mujeres son atractivos si sonríen ampliamente, producen un roce “casual” con la persona que les interesa y lanzan una mirada intencionada. En las mujeres especialmente es seductor cuando caminan preocupándose de extender en cada paso la totalidad de su pierna, cuando al mismo tiempo realizan un movimiento pendular y natural de los brazos sin separarlos demasiado del cuerpo, oscilando a la vez las caderas. Los hombres, por su parte, son sexualmente atractivos, si dan pasos más bien largos y firmes mientras que los brazos fluctúan más ampliamente y algo más separados del cuerpo.
Y es que muchas veces nuestro cuerpo habla por sí solo y nuestro lenguaje corporal resulta más fino que el verbal. Por eso, nuestra “víctima” se dará cuenta que nos interesa si nuestra mirada se clava en él de manera intencional y sincera (no olvidar que los ojos son el espejo del alma), desviándola cuando se encuentra con la de él; si cruzamos las piernas lentamente delante de él (y apuntan en su dirección), delatando deseo de proximidad; si nuestros gestos muestran especialmente las muñecas y palmas de las manos o si nos tocamos el pelo cuando logramos hablar con él. A esto se añade la inevitable evidencia del nerviosismo, expresado por el temblor de las manos y la voz, la confusión y la torpeza en los movimientos. Claro que una de las maneras más claras de descubrir si alguien se interesa en otra es por su esfuerzo en acortar distancias, es decir, si en una reunión elige sentarse en un sillón cercano o si al caminar intenta ir a nuestro paso. Ahora, una vez que se ha animado a presentarse, se muestra confiado y accesible, con los brazos relajados, en posición abierta y con los pies (o las piernas si está sentado) dirigidos a nosotros.
Tal vez estos sean detalles en una conquista, pero son señales que si se les da un poco de atención disminuirán ostensiblemente el margen de error cuando existe interés en otra persona.
Elementos sicológicos y culturales
Si bien cada uno de estos elementos intenta explicar en mayor o menor grado el impacto de la atracción sexual, cada uno por separado no logra el efecto cometido. Por eso, no hay que descartar la presencia de elementos sicológicos y culturales en este proceso.
Atendiendo a las leyes del aprendizaje, es sensato pensar que elegiremos la compañía de personas que nos hagan sentir bien, es decir, que nos entregue por sobre todo comprensión. También nos influye su cordialidad, simpatía, afecto, que tenga gustos y aficiones similares, que nos haga sentir importantes y nos entregue así momentos reconfortantes.
A todos estos factores hay que añadir la presencia de los estereotipos sexuales dictados en cada etapa de nuestras vidas, ya que estas “modas” tienen a ensalzar o perjudicar ciertos tipos de personas. Además, hay que tener en consideración el marco sociocultural en el que estamos inmersas, ya que según estas ideologías algunas costumbres resultarían atractivas o simplemente extravagantes.
Así es como la primera fase de una relación resulta ser la más instintiva y puramente física. A la que se le añade un sinnúmero de imágenes previas, experiencias y educaciones, que determinan un modelo social propio de cada persona. Una vez elegido el individuo, lanzamos un estímulo que si es bien recibido por la otra persona (a través del olor que emana, la presencia, una sonrisa, un gesto), se transmite al hipotálamo y luego a la glándula pituitaria, donde se liberaría la hormona que determinará la impresión provocada por esa persona. Sin duda, aquí la única que manda es la química y en su esencia más pura.